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Un capitalismo de sentimiento: reproducción emocional, trabajo y género

La teórica feminista Alva Gotby escribe sobre la reproducción emocional, la invisible mano feminizada que sostiene el sistema capitalista y la progresiva mercantilización del trabajo emocional.

Alva Gotby 27 julio 2023

Un capitalismo de sentimiento: reproducción emocional, trabajo y género

No sólo dependemos del trabajo remunerado para sobrevivir en una sociedad capitalista, sino también de todas las actividades que sostienen nuestro bienestar. El capitalismo daña a través la explotación de los trabajadores y los desequilibrios de poder entre estos y los capitalistas; pero también lo hace a través de unas condiciones de trabajo que a menudo provocan lesiones físicas y emocionales. El estrés, los sentimientos de alienación y aburrimiento, o las lesiones derivadas de esfuerzos repetitivos son las condiciones habituales del trabajo bajo el capitalismo. Dado que, como trabajadores,  luchamos a menudo por satisfacer nuestra necesidades en este espacio laboral, sólo después de terminar nuestro turno podemos empezar a curar parte del daño que nos produce el trabajo. Pero satisfacer nuestras necesidades y compensar el estrés o el daño emocional provocado es, en sí misma, una forma de trabajo.

En los últimos años, estudiosos y activistas han prestado más atención al trabajo que supone reproducir la mano de obra —cocinar, fregar los platos, cuidar a los niños, atender a los enfermos y a los ancianos—, a menudo a través del concepto de "reproducción social". No obstante, gran parte de este trabajo tiene también un importante componente emocional. Mejorar el estado de ánimo de los demás, tranquilizar a los niños, consolar a una pareja que ha tenido un mal día, animar a parientes solitarios... son ejemplos de cómo intentamos satisfacer las necesidades emocionales de las personas que nos rodean. La familia es,  supuestamente, el ámbito donde se producen nuestras relaciones más importantes, y muchas de nuestras necesidades emocionales se satisfacen en la esfera privada del hogar. A menudo, no consideramos que la actividad doméstica sea un trabajo, sino una expresión espontánea de sentimientos. Pero, cuando no se manifiesta, nos damos cuenta de que falta algo.

El trabajo de reproducción emocional

Lo que yo llamo "reproducción emocional" es el trabajo que supone producir buenos sentimientos y curar las heridas provocadas por la vida bajo la sociedad capitalista. Es aquella actividad que desarrollamos para que la gente se sienta capaz de volver al trabajo día tras día. Si no se lleva a cabo, conduce a la soledad, a una mala salud mental y, a veces, a la enfermedad física. En la actualidad, asistimos a una crisis de la reproducción emocional, ya que muchos de los sistemas de apoyo tradicionales se han vuelto cada vez más endebles, desde la asistencia sanitaria mental proporcionada por el Estado hasta la red de seguridad de la familia.

Asimismo, la reproducción emocional puede hacerse más visible cuando se convierte en una mercancía. Hoy en día existen muchos servicios mercantilizados que tratan de resolver los problemas derivados de nuestra mala salud mental y nuestra soledad. El término "trabajo emocional" se utiliza a menudo para describir esta labor de comunicar sentimientos para que los propios clientes se sientan de una determinada manera. Estos servicios buscan producir una determinada respuesta emocional en el consumidor; a menudo esa cálida sensación de amabilidad, de sentirse atendido. Un cajero o una azafata pueden mostrar una sonrisa y mantener una conversación amistosa para que el cliente se sienta bien. Según la socióloga Arlie Hochschild, este trabajo emocional es una habilidad feminizada, desempeñada predominantemente por mujeres. Hochschild acuñó este término en 1983, cuando el trabajo emocional se estaba mercantilizando cada vez más en las florecientes economías de servicios. Cuando el trabajo de las mujeres, previamente no remunerado, de atender las necesidades emocionales de los demás, se convirtió en un elemento central de la emergente economía de servicios, también se hizo más visible como trabajo.

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Si la reproducción emocional a menudo sólo se hace visible cuando no se hace, o cuando se mercantiliza como servicio, podemos empezar a replantearnos qué es el trabajo. El trabajo se ha conceptualizado a menudo como la actividad de transformar una materia prima en un producto. Pero el "trabajo" no se limita al proceso de producir algo que es externo al productor. Más claramente que otros tipos de trabajo, el trabajo emocional muestra cómo el trabajo puede centrarse en la producción del propio sujeto trabajador: crea una personalidad experta en esta forma particular de trabajo. El trabajo emocional da forma a las emociones y los deseos no sólo del receptor de la atención emocional, sino también de la persona que realiza este trabajo. Esto no significa que las personas no puedan sentir una desconexión entre las emociones que se les ordena realizar dentro de una relación laboral concreta y las emociones que experimentan como genuinas. Pero las personas que son buenas en este tipo de trabajo suelen verse a sí mismas como generosas emocionalmente y en sintonía con las necesidades emocionales de los demás. Así pues, el trabajo tiene la capacidad de moldear profundamente nuestra experiencia de nosotros mismos. Cuando los trabajadores tienen que desarrollar determinadas habilidades, esto repercute en cómo perciben su propio "auténtico" yo. Esto es especialmente cierto en el caso del trabajo de género, en el que las habilidades necesarias para realizar este tipo de trabajo suelen desarrollarse desde la infancia. Es en la familia donde las niñas aprenden por primera vez que se espera de ellas que estén atentas a los sentimientos de los demás, y a menudo anteponen las necesidades emocionales de los demás a las suyas propias.

Más allá de la familia

Lo que yo llamo reproducción emocional va más allá de las formas comercializadas de trabajo emocional que han estudiado Hochschild y otros autores. No es sólo el trabajo que supone crear lo que podría llamarse buenos sentimientos, sino un sistema de relaciones, valores, necesidades y aspiraciones necesarias para que dicho trabajo tenga lugar. La reproducción emocional produce y se produce en el marco de relaciones laborales específicas y harto convencionales. A menudo, además, tiene lugar en el seno de la familia o de la pareja sentimental. Es aquí donde encontramos las formas más "genuinas" y, por tanto, más eficaces de reproducción emocional. Encontramos consuelo en nuestros vínculos más íntimos y, por tanto, intentamos reproducir esas mismas formas sociales. En nuestra sociedad, la reproducción emocional es un juego de suma cero en el que la intensidad emocional depende de la exclusividad. Nuestras relaciones familiares se experimentan con una gran carga emocional porque son exclusivas, dependen de percibir a la pareja y a los miembros de la familia como un tipo de propiedad. En su libro Family Values (Los valores de la familia), Melinda Cooper muestra que, aunque a menudo se ha considerado que el capitalismo crea individuos aislados, lo cierto es que resulta más útil entender que produce unidades de atención pequeñas y aisladas. Esto se ha hecho cada vez más evidente bajo el neoliberalismo. Cuando Margaret Thatcher sostuvo que la sociedad no existe, ciertamente estaba insistiendo en que no solo hay "hombres y mujeres individuales", sino también "familias". En la práctica, el individualismo neoliberal ha significado no sólo cuidar de uno mismo, sino cuidar de uno mismo y de su familia.

La familia nuclear, por tanto, es la estructura convencional de reproducción emocional, donde se espera que encontremos una conexión emocional profunda y significativa con otras personas. Pero esta forma social también excluye a muchas personas. Las personas homosexuales, por ejemplo, han sido históricamente excluidas de la familia nuclear, y o bien han experimentado la soledad y el aislamiento, o bien han inventado otras formas de cuidarse unos a otros. En lugar de intentar que la familia actual sea más inclusiva, por ejemplo ampliando los derechos legales al matrimonio y la adopción, podríamos cuestionar la privatización misma de los sentimientos. Esta dicta que las personas sólo puedan satisfacer sus necesidades emocionales dentro de la pequeña unidad de la familia.

La reproducción emocional, por lo tanto, da nombre a las formas en que dependemos no solo de los actos físicos de cuidado, como cocinar o limpiar, sino también de la sensación de ser cuidados. Todos dependemos de otras personas, que pueden atender nuestras necesidades emocionales. La reproducción bajo el capitalismo supone la inversión emocional. Es a través de formas normativas de cuidado que llegamos a formar vínculos con la sociedad tal y como es, y aprendemos a desear la reproducción del mundo tal y como lo conocemos. Solo inventando otros tipos de socialidad y otras formas de apego emocional podremos luchar contra la organización social actual.

Alva Gotby es una teórica feminista que investiga la reproducción social, el marxismo queer, el trabajo y la emoción. Es doctora por la Universidad de West London. Su tesis "They Call it Love - Wages for Housework and Emotional Reproduction" explora los escritos del movimiento Wages for Housework y esboza una teoría sobre el papel de la emoción en la reproducción social capitalista y la reproducción de las diferencias de género. Actualmente trabaja en un libro sobre el mismo tema. Alva también participa activamente en luchas políticas relacionadas con la vivienda y la abolición de las prisiones.

Este artículo fue publicado originalmente en Autonomy.work.

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