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Tras Black Lives Matter: carta del editor

Para Cedric G. Johnson, el problema que explica por qué Black Lives Matter logró tan poco a pesar de ser tan evocador emocionalmente y tan contagioso políticamente exige una respuesta.

Asher Dupuy-Spencer19 enero 2026

Tras Black Lives Matter: carta del editor

La primera vez que oí hablar del libro de Cedric fue en una conversación con otro autor, Touré Reed. Touré había visto fragmentos del manuscrito aún inacabado y me aseguró que iba a ser excelente. Me puse en contacto con Cedric de inmediato con la esperanza de convencerlo de traer el libro a Verso. Acabé saliendo de la conversación satisfecho. Cedric tenía otro libro para mí, la polémica The Panthers Can't Save Us Now. En cuanto a Tras Black Lives Matter, obtuve un quizás. Eso fue en 2019. Estamos en 2023 y The Panthers ya está publicado en nuestra serie Jacobin, mientras que Tras Black Lives Matter ya está causando sensación.

Las protestas masivas que siguieron al asesinato de George Floyd fueron aclamadas como un nuevo despertar para la izquierda estadounidense. Los medios de comunicación norteamericanos quedaron profundamente marcados por aquel suceso. También nuestro lenguaje político. Nuestras instituciones, sin embargo, permanecieron obstinadamente inalteradas. La violencia del sistema policial y la violencia de la pobreza persisten, más o menos igual que antes. Ahora hay carteles con el hashtag #BLM en los escaparates de cafeterías o en adosados de barrios puestos de moda recientemente, y las grandes marcas también celebran las voces negras. Creo que la conciencia y los sentimientos de mucha gente cambiaron realmente con el movimiento de 2020, pero las condiciones de vida de las personas más vulnerables y precarias de nuestra sociedad siguen siendo muy dolorosas. Para Cedric G. Johnson, el problema que explica por qué Black Lives Matter logró tan poco a pesar de ser tan evocador emocionalmente y tan contagioso políticamente exige una respuesta.

Este libro es una intervención necesaria e intransigente en los debates sobre raza, policía y desigualdad en Estados Unidos. Apunta contra los supuestos y las estrategias asociados con la línea principal de Black Lives Matter. Y, de paso, contra el pensamiento liberal bienintencionado en general. Ni que decir tiene que este libro acarreará su buena dosis de controversia. Pero si lo que quieres es hacer que el gentrificador liberal se lleve las manos a la cabeza, hazle leer este extracto del capítulo final:

Si existe una política anticapitalista –o, incluso, redistributiva a la baja– expresada por diferentes elementos de Black Lives Matter, esta ha quedado ahogada en la avalancha de creación de riqueza, fetichismo y nostalgia del empresariado negro en la era de de Jim Crow, las iniciativas corporativas por la diversidad,los discursos sobre las disparidades y las demandas de reparacionesque, más que como una exigencia política viable con tracción popular, han servido como un pueblo Potemkin para la política negra neoliberal posterior a la segregación. Ninguna de estas tendencias políticas aborda el problema fundamental que subyace al encarcelamiento masivo, a saber, el paso del Estado del bienestar a la guerra como medio de regular el excedente poblacional relativo. En cambio,el enfoque singular y la imprecisión del racismo institucional como marco preferido por los manifestantes de BLM quita prioridad e importancia a la difícil situación de los elementos más sumergidos y desposeídos de la población negra. Además, la visión excepcionalista de la ciudadanía racializada sobre las instituciones policial y penitenciaria ha aislado a los negros pobres y criminalizados de otros millones de estadounidenses que enfrentan vigilancia rutinaria y regulación carcelaria. Una posición precoupada por el racismo contra las personas negras no puede explicar el problema que tenemosante nosotros y resulta contraproducente para construir el tipo de coaliciones populares capaces de revertir la expansión carcelaria que aún no se han materializado en el país a excepción de sus confines más liberales [pp. 429-430].

Pero este libro no busca el clickbait ni el shock. Es el ejercicio más riguroso de pensamiento histórico y político sobre el tema. El argumento es simple, pero contiene profundas implicaciones. Desplegando teoría política accesible, argumentos históricos y ejemplos contemporáneos, Tras Black Lives Matter señala el camino hacia un tipo diferente de movimiento y una clase distinta de sociedad. La desigualdad y la pobreza son las causas no solo del crimen y la violencia policial, sino también de la emergencia de nuestro horrendo sistema carcelario y de la durabilidad de la propia desigualdad racial.

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La lógica redistributiva del libro de Cedric no debe interpretarse simplemente como una crítica al esencialismo racial. Más importante aún, es la cristalización de una lógica materialista optimista: existen soluciones institucionales y materiales para nuestros problemas sociales. La desigualdad racial y el racismo no son propiedades transhistóricas de nuestra existencia. Más bien son el resultado de arreglos políticos y económicos.

Hará falta una coalición amplia y militante para cambiar esas condiciones, y esa coalición debe construirse en torno a intereses compartidos y sueños comunes. Ciertamente, una coalición amplia tendrá sus conflictos internos. Pero, como dice Cedric, «solo confrontando esas contradicciones de frente podríamos siquiera empezar a esperar transformar estas injusticias y producir una sociedad donde el racismo haya perdido su poder, la pobreza sea impensable y los asesinatos policiales sean tema de exposiciones de museo».

Estoy inmensamente orgulloso de publicar este libro y espero con interés el debate productivo y camaraderil que generará. Espero que este libro desempeñe algún papel en el advenimiento de una política más efectiva y transformadora en torno a la raza y la desigualdad en Estados Unidos.

Tras Black Lives Matter
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