Ecologías Tricontinentales: medios antiimperialistas y la lucha por un metabolismo social soberano
Al situar las preocupaciones socioecológicas en el corazón de la solidaridad internacionalista, estas producciones culturales prefiguraron las luchas contemporáneas por la justicia climática, la soberanía alimentaria y la ecología decolonial.
En la segunda mitad del siglo XX, los movimientos antiimperialistas de África, Asia y América Latina no solo se enfrentaron a la dominación política y económica, sino también a profundos desafíos ecológicos. La Revolución Cubana, y en particular sus instituciones culturales y mediáticas, se convirtió en un nodo central donde estas luchas se articulaban e intersectaban.
A través de la revista Tricontinental de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL) y los noticieros del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), los medios revolucionarios formularon una crítica radical de la explotación colonial y neocolonial. Lo que estaba en juego no era únicamente la soberanía en términos políticos y económicos, sino también la restauración del metabolismo social –las relaciones entre las sociedades humanas y la naturaleza perturbadas por la producción y el consumo capitalistas, así como por los regímenes asimétricos de dominación y dependencia que los sostienen.
Este artículo examina las dimensiones socioecológicas de Tricontinental y el Noticiero entre 1966 y 1971, mostrando cómo expresaron visiones insurgentes de soberanía, autosuficiencia y, aunque a menudo de manera implícita, justicia ecológica. Al mismo tiempo, destaca cómo estos medios –y el Noticiero en particular– retrataron las contradicciones internas del proceso revolucionario cubano, especialmente la centralidad de la producción azucarera, que al mismo tiempo sostenía la supervivencia nacional y perpetuaba vulnerabilidades ecológicas. Al situar estas producciones culturales en diálogo, podemos descubrir cómo los medios revolucionarios anticiparon debates ecológicos que solo más tarde alcanzarían las plataformas institucionales, al tiempo que revelan los dilemas de construir el socialismo bajo condiciones de dependencia.
Tricontinental: los medios revolucionarios como herramienta de imaginación socioecológica
El lanzamiento de la revista Tricontinental en 1967 supuso un punto de inflexión en la lucha cultural del Sur Global. Publicada en varios idiomas y distribuida en todo el mundo a pesar de frecuentes censuras y prohibiciones, la revista combinaba ensayos, reportajes, manifiestos, testimonios y un poderoso arte gráfico. Sus pósters, diseñados por artistas cubanos como Alfredo Rostgaard y Helena Serrano, se convirtieron en imágenes icónicas del tercermundismo. Pero más allá del poder visual, Tricontinental transmitía una visión revolucionaria: la soberanía sobre la tierra, los recursos y la producción era el núcleo de la liberación nacional.
Aunque no siempre articuladas en términos explícitamente ambientales, las cuestiones ecológicas llenaban sus páginas. Los artículos denunciaban el saqueo de los recursos naturales por parte de las corporaciones multinacionales, ponían en evidencia la persistencia de las estructuras coloniales de tenencia de la tierra y defendían la reforma agraria como fundamento de la independencia genuina. El nutricionista y geógrafo brasileño Josué de Castro advertía en sus páginas contra el monocultivo y el latifundio como obstáculos para el bienestar social y ecológico. Los colaboradores vinculaban soberanía con nacionalización de recursos –desde el petróleo argelino hasta la agricultura congoleña–, subrayando que sin control de la tierra y de las materias primas, la independencia política seguía siendo una promesa vacía.
Una de las estrategias más innovadoras de la revista fue el uso de los llamados "anti-anuncios". Estos subvertían el lenguaje del marketing capitalista para exponer las brutales realidades de la explotación neocolonial. Un falso anuncio de Ethiopian Airlines sustituía las imágenes de paisajes exóticos por referencias a prisiones, minas y bases militares estadounidenses. Otra parodia de South African Airways promocionaba unas "vacaciones en la tierra del apartheid y el trabajo esclavo". Estos dispositivos visuales no se limitaban a denunciar la injusticia. Más bien, revelaban cómo el imperialismo mercantilizaba la naturaleza, la tierra y el trabajo, convirtiendo el turismo, la minería y la agricultura en instrumentos de dominación. Al hacerlo, anticipaban las críticas posteriores al "imperialismo ecológico".
Los fundamentos ecológicos de la retórica antiimperialista de Tricontinental resonaban con fuerza en los debates sobre lo que podríamos denominar un metabolismo social soberano. Para restaurar una relación metabólica soberana entre las sociedades y sus entornos, argumentaban los movimientos de liberación, era necesario desvincularse de las estructuras del intercambio desigual y la dependencia. Para la OSPAAAL y su revista, esta visión era inseparable –por todos los medios necesarios– del internacionalismo radical, que aspiraba a construir una alternativa a la lógica depredadora del capital transnacional.
El ICAIC y el Noticiero Latinoamericano: el cine como arma revolucionaria
Si Tricontinental representaba la voz impresa del tercermundismo, el Noticiero Latinoamericano encarnaba su imagen en movimiento en Cuba. Fundado en 1960 bajo la dirección del cineasta documental Santiago Álvarez en el ICAIC, el noticiario semanal combinaba material de archivo, montaje audaz y sátira para producir películas de extraordinaria fuerza comunicativa. La máxima de Álvarez –"dame dos fotografías, una moviola y algo de música, y te hago una película"– captaba la ingenuidad de convertir la escasez en abundancia creativa.
El Noticiero fue concebido como agitación y propaganda, pero sus innovaciones estéticas lo convirtieron en algo mucho más. El montaje vertiginoso, las yuxtaposiciones irónicas y el humor mordaz transformaron los noticiarios en armas cinematográficas. Desde la cobertura de la guerra de Vietnam hasta las denuncias de la violencia racial en Estados Unidos, Álvarez y su equipo articularon una perspectiva internacionalista arraigada en el ethos revolucionario cubano.
Los vínculos entre el ICAIC y la OSPAAAL nunca eran accidentales o aleatorios. Ambas instituciones ocupaban un espacio heterodoxo dentro de la Revolución Cubana, chocando con frecuencia con las corrientes más dogmáticas. Compartían un compromiso con la solidaridad tercermundista y la experimentación cultural. Producciones conjuntas como Hanoi, Martes 13 (1968) o Madina Boe (1969) ejemplificaron esa colaboración, combinando la urgencia documental con un discurso internacionalista y antiimperialista.
Las preocupaciones socioecológicas eran parte integrante de este lenguaje cinematográfico. Algunos noticiarios destacaban las reformas agrarias en Cuba y otros países del Tercer Mundo, denunciaban la devastación de la guerra química en Vietnam y retrataban las protestas contra las bases militares estadounidenses en Okinawa. La sátira del Noticiero también emulaba los anti-anuncios de Tricontinental, como en la parodia de los sprays químicos MACE comercializados en Estados Unidos —productos utilizados tanto en la guerra ecocida de Vietnam como contra activistas negros y estudiantiles en suelo estadounidense. Al fundir la crítica ecológica con la solidaridad antirracista, estas películas subrayaban el entrelazamiento entre imperialismo, explotación y daño medioambiental.
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Dimensiones socioecológicas de los medios antiimperialistas
Tanto Tricontinental como el Noticiero colocaron la cuestión agraria en el centro de su visión. La redistribución de la tierra, la soberanía alimentaria y la producción autónoma fueron retratadas como elementos esenciales de la liberación. En este sentido, los medios se convirtieron en un espacio para imaginar y representar un metabolismo social soberano: un sistema en el que las sociedades del Tercer Mundo pudieran regular sus intercambios con la naturaleza libres de la dominación imperial.
La crítica se extendía más allá de la agricultura. El turismo, presentado como una industria neocolonial, era mostrado transformando paisajes y economías en beneficio de las élites extranjeras. La industrialización no aparecía como simple modernización, sino como lucha por la autonomía, como cuando se contraponían las centrales termoeléctricas cubanas y coreanas con el desempleo y la miseria en el Seúl capitalista. Los complejos militares eran denunciados no solo por su papel geoestratégico, sino también por su huella ecológica, como en la denuncia de cómo las bases estadounidenses en Okinawa devoraban tierras de cultivo, bosques y recursos hídricos.
Esta convergencia entre discurso ecológico y antiimperialista no siempre fue sistemática ni explícita. Sin embargo, representó un punto de bifurcación que resultó pionero: mucho antes de que el ecologismo entrara en la agenda pública global, estos medios revolucionarios vinculaban soberanía con ecología, recursos con justicia, y tierra con liberación. Fueron articulaciones tempranas de lo que podríamos llamar una ecología política insurgente.
La paradoja del azúcar: contradicciones en el interior de la Revolución Cubana
Pese a estas visiones insurgentes, las contradicciones abundaban tanto en el Tercer Mundo en su conjunto como en la propia Cuba. En este último caso, quizás en ningún lugar resultaban más evidentes que en la centralidad que el azúcar ocupaba en el proceso de acumulación socialista. Desde tiempos coloniales, Cuba había sido moldeada por las plantaciones de monocultivo y la dependencia exportadora. La Revolución heredó este legado, pero también aspiró a transformarlo.
Desde principios de los años sesenta, el debate sobre la estrategia de desarrollo fue intenso. Mientras algunos abogaban por la diversificación y la industrialización, se impuso el consenso de que el azúcar seguía siendo indispensable. Los acuerdos con la Unión Soviética garantizaban precios y mercados estables, permitiendo a Cuba financiar su proyecto socialista. La Ofensiva Revolucionaria culminó en la ambiciosa "zafra de los diez millones" de 1970, que movilizó a toda la nación.
Para el Noticiero, el azúcar era retratado como símbolo del esfuerzo colectivo. Las imágenes de obreros, estudiantes e incluso líderes como Fidel Castro empuñando machetes celebraban la cosecha como trabajo y liberación al mismo tiempo. Las metáforas bélicas vinculaban la campaña azucarera con la lucha histórica contra el colonialismo, convirtiendo la supervivencia económica en deber patriótico.
Sin embargo, esta estrategia albergaba profundas contradicciones socioecológicas. El impulso hacia la producción récord sometió a una enorme presión a unos suelos ya degradados. El monocultivo profundizó la vulnerabilidad ecológica, mientras que el fracaso de la zafra de los diez millones expuso los límites del voluntarismo. La dependencia del apoyo soviético se incrementó, insertando a Cuba en una "dependencia planificada" que, si bien difería de la sujeción colonial, seguía recortando su autonomía.
Esta situación –que podría describirse como "la paradoja del azúcar"– ilustró la tensión entre los ideales revolucionarios y los condicionantes materiales. Mientras Cuba proyectaba imágenes de desarrollo autosuficiente, su realidad ecológica estaba marcada por la persistencia del monocultivo. La aspiración de restaurar un metabolismo soberano encontraba sus límites en la necesidad de navegar las estructuras globales del comercio y el poder.
Legados y resonancias contemporáneas
Los medios revolucionarios de la OSPAAAL y el ICAIC dejaron una huella duradera en la cultura política global. En cierta medida, anticiparon muchos de los temas de los movimientos actuales de justicia ambiental radical: soberanía sobre los recursos, críticas a las corporaciones transnacionales, oposición al imperialismo ecológico y búsqueda de modelos alternativos de desarrollo.
El legado de este enfoque socioecológico puede rastrearse en iniciativas posteriores: los programas ecológicos de Nicaragua tras la Revolución Sandinista, la reforestación impulsada por Thomas Sankara en Burkina Faso, el giro cubano hacia la agricultura orgánica durante el Período Especial de los años noventa, la reforma agraria en Zimbabwe o la experiencia comunal venezolana. De manera más amplia, contribuyeron a dar forma a una tradición de pensamiento ecológico en el Sur Global que desafía el ambientalismo eurocéntrico y coloca en primer plano la soberanía, la solidaridad y la justicia socioecológica.
Al mismo tiempo, sus contradicciones siguen siendo aleccionadoras. La paradoja del azúcar revela cómo los proyectos radicales que navegan la economía-mundo bajo amenaza imperial pueden reproducir dependencias ecológicas cuando quedan atrapados entre la supervivencia y la soberanía. Estas tensiones resuenan hoy con fuerza, mientras numerosos países del Sur Global se enfrentan a la doble presión de la crisis climática y la dependencia colonial, neocolonial o neoliberal.
Conclusión
Entre 1966 y 1971, la revista Tricontinental y el Noticiero Latinoamericano forjaron una esfera mediática insurgente que conectó el antiimperialismo con las preocupaciones ecológicas. A través de pósters, artículos, sátiras y películas, articularon una visión de soberanía anclada en la tierra, los recursos y el desarrollo autosuficiente. Imaginaron un metabolismo social soberano para el Tercer Mundo, aun reconociendo que los cambios necesarios tendrían que confrontar y superar los límites de la dependencia económica.
Al situar las preocupaciones socioecológicas en el corazón de la solidaridad internacionalista, estas producciones culturales prefiguraron las luchas contemporáneas por la justicia climática, la soberanía alimentaria y la ecología decolonial. Y como tales, nos recuerdan que la lucha por la liberación siempre ha sido también una lucha ecológica, y que restaurar una relación metabólica entre las sociedades y la naturaleza –desvinculada de los imperativos del intercambio desigual– sigue siendo inseparable de la resistencia y la confrontación con la dominación imperial.
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Este texto, publicado inicialmente en Archive Stories, sintetiza la investigación recogida en los artículos «The Early Socio-Ecological Dimensions of Tricontinental (1967–1971): A Sovereign Social Metabolism for the Third World», publicado en Agrarian South: Journal of Political Economy 13(3), pp. 368–400, y «Moving between Tricontinental Hopes and Sugar Dependency: The Early Socio-ecological Dialectics of Noticiero Latinoamericano» (en prensa).
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